Blogia
Agustín Villanueva

Política

                   EL IMPERIO DE LA LEY Y LOS  JUECES

                                        DEL PASADO

 

    Un legislativo y un ejecutivo debilitados, obsesionados por unos plazos electorales y sometidos al temor  y a la seducción de los medios de comunicación, intentando     gobernar el día a día; y por otro lado, ciudadanos indiferentes y exigentes, replegados sobre su vida vida privada, pero esperando, como dice Alain Minc, del político  lo que no sabe dar: una moral, un proyecto a largo plazo, una seguridad... ¿No habrá llegado el momento en que el juez, en una democracia envejecida, flotante y tan sacudida por las mutaciones de su tiempo como la actual, conquiste un poder cuasi soberano en una sociedad sin soberanía? Es de esta forma como profetiza Jean-Denis Verdín el triunfo de los jueces. Es evidente que cuando del derecho vacila, la sociedad tiembla y huele  a confrontación social de una forma casi irresistible.

    En los diversos textos legales del s.XIII (Espéculo, Fuero Real y Partidas) el rey es antes legislador que juez, alterando el orden tradicional: Sin embargo, esta primordial función legislativa no empaña la imagen habitual del rey juez: “Et los santos dixeron que el rey es puesto en la tierra en lugar de Dios para cumplir la justicia e dar a cada uno su derecho”. La justicia que se debe “facer ordenadamente por seso e por sabiduría”, se alejo cada vez más de las convicciones jurídicas populares, debiendo ser interpretada por “sabidores del derecho”, hombres buenos conocedores de los fueros y de la legislación del rey, pero también del nuevo derecho culto romano – canónico. Desde entonces la justicia del rey tendió a hacerse más libraria y técnica. Las Partidas consagraran la competencia exclusiva del rey en la designación de los oficiales de justicia.

    El profesor Ricardo Gómez Rivero, catedrático de Historia  del Derecho y de las Instituciones, en un discurso  inaugural de la UMH, decía que en un orden procesal jerarquizado, de estructura piramidal jerarquizado en cuyo vértice se encuentra el Rey como suprema instancia, se encuadra la apelación. El orden judicial establecido por Espéculo y Partidas iba desde el adelantado mayor de la Corte del rey o sobrejuez a los jueces y alcaldes de las villas y ciudades, pasando pasando por los alcaldes de Corte y los adelantados de las merindades. Todos ellos nombrados por el rey y conocían de pleitos en primera instancia así como las alzadas de las sentencias que pronunciaran los jueces inferiores. En torno a la Corte se fue gestando un nuevo órgano, la Audiencia, nacida del acto de oír personalmente en justicia el rey y, en su ausencia o bien en su compañía, aquellos expertos que él nombraba para aconsejarle en la resolución de los casos, llamados oidores. En el alza de la modernidad, la articulación del estado en torno a la monarquía hizo posible que el Consejo real se convirtiera en órgano fundamental de su administración. En 1442 se fijará  la sede de la Audiencia y Chancillería en Valladolid, en 1494 se creará la Chancillería de Ciudad Real, que se traslada en 1504 a Granada. La Audiencia de la Chancillería tendrá competencias en primera instancia: caso de Cortes civiles y causas contra los jueces ordinarios y otros oficiales de su lugar de residencia. También la Audiencia conocería de las apelaciones que se interpusieron contra “los mandamientos dictados por los corregidores y justicias de los conceptos en materias de gobierno de las ciudades, villas y lugares. En la época de los Borbones el Consejo de Castilla se dividía en cinco Salas, tres de Justicia y dos de Gobierno: competencias de eclesiásticos; temporalidades; extrañamientos del reino; conoce de los recursos que se hacen de la Sala de Alcaldes de la Casa y Corte; recursos de queja de los procedimientos de Chancillerías y Audiencias y demás magistrados del reino; sobre si han de despachar jueces de comisión; vistas de cárceles; de la observancia de los aranceles de los tribunales; de la conservación de archivos; y dicta providencias para prender, castigar y “extinguir” gitanos, bandidos, y salteadores de caminos; concede licencias para pedir limosna; despacha provisiones; concede licencias para imprimir libros,.........

    La actividad judicial, como señala Roldan Verdejo, se legislo en cuatro direcciones: lograr la mayor inmediación posible en la actuación procesal del jueces; acelerar la marcha de los procesos y su resolución, tratando de acabar con la lentitud; rodear de las debidas garantías de secreto la deliberación y votación de las sentencias; y regular las emisiones de voto en caso de discordias. La justicia no gozaba de una fama demasiado buena, se decía con desenfado que “la justicia y la cuaresma no se han hecho más que para los pobres, la canalla y los desgraciados”. La función principal del juez es la de sustanciar los procesos y dictar sentencia. El Espéculo decía que el juez debería emitir sentencia “seyendo assosigadamente para judgar”, esto es, sentado y sereno. No valía el juicio dado estando de pie, ni andando ni cabalgando, aunque sí si es el Rey quien las emite.

    En las obras de R. Roldan Verdejo, “Los jueces de la Monarquía Absoluta” y de Sainz Guerra, “La Administración de justicia en España”, nos indican los requisitos  para la selección del Juez: a) requisitos físicos: aptitudes físicas y mentales, sexo y la edad necesaria para acceder al oficio judicial; por ejemplo, la ceguera, la sordera, la mudez, la incapacidad física o enfermedad crónica y la enfermedad mental. b) Requisitos éticos: los jueces deben ser temerosos de Dios, amador de la verdad, enemigos de la avaricia, sobrio en su vivir, grave y reposado, modesto, manso, prudente, casto y justo; c) requisitos sociológicos, no ser clérigo, hallarse excomulgados, casarse con pariente sin licencia, casarse  con una mujer estando viva la anterior, casarse con una monja extraída de un convento, limpieza de sangre, los “poderosos” que no tuvieran una hacienda, o los que desempeñaban un oficio civil; d) Capacidad profesional, a partir del s.XIV se exigirá la titulación universitaria a los futuros jueces, aunque no a todas las categorías.

    Hoy   casi todo ha cambiado, y para ello me voy a centrar en las magnificas palabras que de la Rua, ex Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, dirigió a los veinticuatro jueces salidos de la 54 promoción de la Escuela Judicial: Escuchar cortésmente, responder sabiamente, condenar prudentemente y decidir parcialmente. De la Rua instó a los jueces a ejercer la profesión más noble de este mundo por encima de cualquier tipo de presión, circunstancias e incluso de vuestras propias opiniones y con el único límite que marca el sometimiento al imperio de la ley. “Sólo descansareis con la conciencia tranquila cuando incluso en contra de vuestra propia opinión, apliquéis el imperio de la ley. Pidió a los nuevos jueces independencia, imparcialidad y responsabilidad; y evitar entrar en el campo de la duda, que es germen de sentencias sin resolver.

 

 

 

                                         AGUSTIN VILLANUEVA

                                         PROFESOR DE ECONOMIA APLICADA UMH

                                              2011 / 03 / 11

                 

LA FAMILIA EN EL ESTADO ACTUAL

                                               LA FAMILIA EN EL ESTADO ACTUAL

 

    En este cambio de régimen, de momento, que se está produciendo en nuestro país, se empieza a cuestionar absolutamente todo: familia, matrimonio (hombre y mujer), hijos, muerte digna (debe ser un concepto nuevo, creía que todas las muertes eran dignas y asistidas, las visibles y las no visibles), nacimientos (abortos triturados), lengua, país, nación, estado, etc. Bien, ya saben que los digo por costumbre. Empecemos por la familia, que es la primera estructura fundamental a favor de la ecología humana, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende, como indica la Centesimus annus, qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir en concreto ser una persona. Se entiende aquí la familia fundada en el matrimonio, en el que el don recíproco de sí por parte del hombre y de la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse para afrontar su destino único e irrepetible. La familia sana hace posible la salud y el rigor de toda la comunidad civil, la familia enferma desintegra y desvertebra el conjunto de la sociedad. Donde acaba la familia comienza la soledad y la marginación. En Madrid con el lema: La familia cristiana esperanza para Europa, se reunieron alrededor de un miñón de personas con el objeto de que reine en cada vez más las familias la alegría.

    En un manifiesto final de un congreso sobre “La familia, esperanza de la sociedad” se ponía de manifiesto las condiciones para que la familia pueda existir y actuar requieren de un marco jurídico y socio-económico justo: Legislaciones familiares congruentes con su verdadera identidad, sin asimilar al matrimonio y a la familia otras realidades que no lo son; políticas fiscales verdaderamente familiares, conforme al nivel de los países más desarrollados de la UE; politicas de viviendas  decorosas para todas las familias, a precios asequibles, evitando la actual especulación; una política social de ayudas a las familias con especiales dificultades, como la viudedad, la separación conyugal, la discapacidad, ancianidad o enfermedad de alguno de los miembros, favoreciendo a las familias numerosas así como el reagrupamiento de las familias de emigrantes; una política laboral que permita a los matrimonios jóvenes afrontar el futuro con sosiego, a las mujeres ser madres y cuidar de sus hijos pequeños, a los padres dedicar tiempo a la convivencia familiar; una política sanitaria que favorezca la atención de los familiares enfermos tanto hospitalaria como a domicilio; y una política solidaria  con las familias pobres y con las personas sin familia, marginadas de nuestra sociedad.

    Otra cuestión importante es que se debe reconocer a la familia como la primera y principal escuela de humanidad: es la mejor e imprescindible transmisora de los valores, educadora de las virtudes, lugar donde se aprende a amar y guía de la verdad. Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Concedamos a los padres el derecho a la libertad de elegir y a la libertad de experimentar. En un brillante discurso de David Cameron, líder del segundo partido de Inglaterra, decía que corremos el riesgo de convertirnos en una sociedad amoral, donde ya nadie diga la verdad acerca de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es correcto o resulta impropio. La consecuencia es terrible: la ausencia de límites hace que nuestros hijos piensen que pueden hacer lo que les parezca ya que ningún adulto intervendrá para ponerles freno. Ni siquiera, a menudo, los propios padres. Y eso tiene que terminar. Una ola de violencia adolescente que vive el país requiere para su corrección rescatar el concepto de “cultura nacional” que aliente el ejercicio de la responsabilidad tanto personal como colectiva. El compromiso de los padres en esta tarea es muy importante ya que este cambio cultural tiene que comenzar en casa: los valores que hay que recuperar en esta sociedad rota y que nos van a permitir cimentar una sociedad más fuerte son valores que deben ser enseñados en casa, en familia.

    En un trabajo sobre “Familia y Economía” de la Fundación Acción Familiar, se expone que en la UE tendrá en 2050 unos 11 millones de personas menos, se trata de una población envejecida, con una pirámide casi invertida. El envejecimiento de la población de la UE es el resultado de cuatro tendencias demográficas que están interrelacionadas: a) El número medio de hijos por mujer esta en un 1,5, muy por debajo de la tasa de remplazamiento de 2,1 necesaria para estabilizar el tamaño de la población en ausencia de inmigración. Está previsto un aumento limitado al 1,6 de ahora al año 2030.

    b) El descenso de la fecundidad en las últimas décadas ha seguido al baby-boom de la posguerra que explica el aumento de la población actual entre 45 y 65 años. La entrada de este grupo de población en la edad de jubilación hará necesario un  mayor volumen de recursos para su financiación.

    c) Después del aumento en 8 años de la esperanza de vida en el momento del nacimiento desde 1960, ésta podría continuar creciendo 5 años más de aquí a 2050. Esto puede implicar un aumento importante del grupo de edad formado por mayores de 80 años, que pasarán muchos más años en la jubilación y probablemente generarán más gastos sanitarios.

    d) La UE acogerá nuevos flujos de inmigrantes importantes durante las próximas décadas. Según Eurostat serán alrededor de 40 millones de personas las que emigrarán a Europa hasta 2050. Es una realidad que la emigración podrá sólo en parte compensar los efectos de la débil natalidad y el aumento de la esperanza de vida de los europeos.

    La UE camina hacia un envejecimiento cada vez mayor, con una población incapaz de mantenerse y con una mayor inestabilidad familiar. La esperanza de vida ha aumentado a los largo de las últimas décadas, y una proporción cada vez mayor de europeos supera la barrera de los 70 años y lo hace durante más años.

    Como manifiesta David Cameron, nosotros como sociedad hemos sido demasiado sensible para no herir los sentimientos de los ciudadanos con objeto de evitar parecer excesivamente críticos, hemos dejado de decir lo que hay que decir. Llevamos décadas en las que se han ido paulatinamente erosionando la responsabilidad, las virtudes sociales, la autodisciplina, el respeto mutuo, las conquistas a largo a cambio de la satisfacción inmediata. Por el contrario, preferimos la neutralidad moral, no entrar en juicios de valor acerca de lo que son comportamientos adecuado o equivocados. Malo, bueno, correcto, impropio. Sin palabras que nuestro sistema político y nuestro sector público apenas se atreven utilizar.

 

 

                                                                             Agustín Villanueva

                                                                             Profesor de Análisis y Evaluación Pública UMH

                                                                                     2011 / 01 / 11

 

 

 

 

CRISIS MENTAL Y CRISIS FINANCIERA

CRISIS MENTAL Y CRISIS FINANCIERA Se solía decir en la mar, cuando yo tenía que ver con la mar y con la Marina española, ya se metió el rico en la mar, ya se “fastidio” la mar. Leo un artículo de un buen profesor de Derecho Procesal, cuyo título es “La crisis económica, el fruto de la ambición”, como es amigo no voy a ir sobre la forma pero sí sobre el fondo. Pensaba hablar de los políticos contra el mercado, pero ahora tendré que incluir a los procesalistas, y lo bueno que es la izquierda intervencionista. En 1933 Franklin D. Roosevelt, en su discurso a la Nación, dijo: éste es el momento de decir la verdad, toda la verdad, con franqueza y valentía. No necesitamos ocultar las condiciones en que se enfrenta honestamente nuestro país el día de hoy. Esta gran nación las soportará como las ha soportado, revivirá y prosperará. Así quiero informar mi convicción de que la única cosa a la que tenemos que temer es al miedo mismo que paraliza los esfuerzos necesarios para convertir el retroceso en progreso. En todas las horas oscuras de nuestra vida nacional un liderazgo de franqueza y vigor se ha encontrado con la comprensión y el apoyo de las personas que es esencial para la victoria. Estoy convencido de que el pueblo va a dar una vez más el apoyo al liderazgo en estos días críticos. Mi buen amigo profesor, no puedo estar de acuerdo con tu solución de que desde la izquierda, en su concepción moderna, se debe dar un paso adelante, pues la actualidad ha acreditado no sólo el fracaso, sino la falta de humanidad misma del modelo económico de la derecha internacional. Haciendo te caso el Gobierno español, “disque” de izquierdas, aprueba un plan para blindar a los bancos y cajas españolas con el 15 % del PIB; si estábamos de “maravilla” porque esta fuerte medida, y porque no a las PYMES, a los fabricantes de coches y a superar la quiebra financiera de las familias españolas. El mercado es vital, pero el mercado tiene también una función esencialmente social. Aquí mío caro amico lo que hay que decir es que el origen de la crisis es el fracaso de los poderes públicos en su función de “velar por la limpieza del sistema”. En una alocución titulada: “Ética, Economía y Asistencia: Lecciones para Aprender” monseñor Diarmuid Martin declaraba que el mercado sólo puede funcionar en un marco ético y jurídico en el que se proteja al vulnerable y se frene la arrogancia natural del poderoso. Hoy vemos cómo la mala conducta individual burda y sin control en la actividad del mercado afecta la estabilidad de las empresas, pero también de los países y luego de los hombres y mujeres que componen la sociedad en la que vivimos. Los hombres de negocios irresponsables no sólo juegan con el futuro de una gran empresa multinacional están afectando quizás las vidas de todas las personas del mundo. El desarrollo económico, no importa lo importante que sea, simplemente nunca es un fin en sí mismo. Debería llevar a la equidad social, a un desarrollo equitativo de la sociedad y a mejorar a la gente y a las estructuras humanas que consolidan a la sociedad. El desarrollo económico trae consigo responsabilidad social. El desarrollo descontrolado rara vez ha producido sostenibilidad. Como manifestaba Emilio Botín en un importante discurso, que la crisis que estamos viviendo nos hace valorar más que nunca, la importancia de contar con un sistema financiero solvente, rentable, sano y sostenible. En los últimos tiempos se han puesto muchas cosas en cuestión: desde la complejidad que alcanzaron algunas innovaciones financieras que resultaron ser muy nocivas, hasta el funcionamiento de las agencias ráting y ciertas estructuras de regulación y supervisión, que han cometido errores importantes. Así mismo dice Botín que si hay algo que ha quedado claro en esta crisis es la necesidad de poner el foco en la gestión de los riesgos. Es necesario que los gobiernos y el mundo de los negocios trabajen juntos, pero se puede hacer dañino si no existen mecanismos reguladores. La especulación del mercado sin regular o la interferencia injusta en el derecho de competencia dañan la economía. También los gobiernos poderosos pueden caer en la corrupción. Se hace necesario tanto el mercado como a los gobiernos. Mercado que tenga libertad de operar como debe y gobierno (por supuesto, que no culpa siempre a los “otros”) menor puede ser más deseable que algunas de las experiencias actuales de interferencias gubernamentales masivas e improductivas en la sociedad y en el mercado. La falta de un gobierno eficaz es igualmente desastrosa, tanto como un gobierno ineficaz, y el que Vd. ha nombrado es más de lo mismo, pero más “felipista” sin Felipe. Los gobiernos, como dice monseñor Murphy, son esenciales para garantizar el marco ético y jurídico dentro del cual el mercado puede florecer y dentro del cual se puede fomentar un comportamiento ético en el mercado. No existía un capitalismo salvaje, pero tampoco queremos un socialismo salvaje, ni un capitalismo de Estado. El crac del 29 se alargó debido a errores de una empresa pública: La Reserva Federal Americana, y de unas políticas públicas, las del New Deal. No repitamos la historia. Rodriguez diga alguna vez la verdad, pues cuando mienta, y miente tanto, podamos dudar si es verdad o mentira. La izquierda ha abandonado la causa del más débil: los pobres, los humillados, los abandonados y los discriminados. Cinco millones de parados son testigos fieles. Se ha terminado el decirle al pueblo, como dice Zygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, sobre la felicidad se ha terminado con el “disfrute ahora y pague más tarde” Agustín Villanueva Profesor Honorífico de Economía Aplicada UMH 2010 / 10 / 24

YO ACUSO AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

                                 YO ACUSO AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

 

    En el “Retirarse a tiempo”, Calvo Serer decía que si estamos o no en los comienzos de una nueva Revolución francesa, el tiempo lo dirá. Pero lo que ha quedado claro es la incompatibilidad de un gobierno personal o autoritario con las estructuras de la sociedad industrial y con la mentalidad democrática de nuestra época en el contexto mundial. Aun en los mismos regímenes socialistas el culto a la personalidad característico del período staliniano ha tenido que desaparecer. En los regímenes democráticos, incluso, grandes personalidades, como Churchill y Adenauer, fueron objeto de duras críticas y se vieron obligados a abandonar el Poder (es que caro amico el Poder se escribe con j, y es mejor que sea dimitido al que lo hace mal, que se use la j a todo un pueblo, por lo menos a los parados y familias sin ya el derecho al paro) por los electores (sin que les mienta) que en otros momentos les manifestaron entusiasta adhesión o un simple reconocimiento de sus servicios.

    Yo acuso a ZP de ignorar que la economía obedece a leyes y no al poder discrecional de los Gobiernos. Usted ha querido ignorar que la tempestad de la crisis se producía por todas las economías, pero usted ha querido ser Superman y decirnos que éramos los mejores, éramos los campeones de Europa, éramos mejores que todos los de la UE, etc. La consecuencia fue que su no intervención en la economía la hundió en una larga depresión.

    Yo acuso a ZP de decirnos que la única salida a la crisis “será social o no será”. Presidente del Gobierno del Reino de España, no hay más política social que la que se preocupa por la dignidad humana, la que da a cada hombre, a cada mujer, la seguridad de que el poder de compra que recibe constituye la legítima recompensa por un papel útil desempeñado por él y por ella. Hayek manifiesta que es esencial que los defensores de un sistema de mercado comprendan por qué son tan difíciles de extinguir las esperanzas socialistas de una Nueva Jerusalén. El sueño de una utopía socialista utiliza dos impulsos humanos hondos y básicos: uno, la búsqueda de la “justicia social” para una sociedad mejor, quizás más igualitaria pero ciertamente menos injusta que aquella en la que vivimos. La segunda es la esperanza, y en tiempo más optimistas o arrogantes la expectativa, de que con la razón, la planificación y una previsión adecuada, pueda construirse realmente una sociedad así. Teorizar como debe ser la sociedad “justa” sin haber tomado previamente la molestia de reflexionar cuidadosamente sobre las consecuencias económicas que comporta perseguir dicho ideal significa conculcar nuestra obligación de prestar en todo lo posible ayuda a nuestros semejantes. Los intelectuales socialistas han intentado trivializar las enseñanzas de la economía, pero cuado se han intentado ponerlas en práctica nunca han funcionado como sus líderes intelectuales pretendían.

    Como Presidente de este gobierno, en el que usted puso como primero la ideología y luego el gobernar, no ha querido oír a nadie, pero eso si solamente a su  propia ideología, como si el hecho de gobernar es otra cosa. Creo que no ha hecho caso ni a sus “economistas mundiales”. Nouriel Roubini, el gurú de la crisis,, afirma que España es una amenaza para el futuro del euro (creo que el euro esta casi muerto desde que se ignoro al Plan de Estabilidad y de Crecimiento) y que estamos lastrados por una tasa de paro (eso si que es los “social”) que duplica la media y una banca débil; Ken Rogoff, economista de Harvard, cree que España tiene un fuerte endeudamiento y augura una lenta recuperación; Xavier Sala, la imagen de España se ha deteriorado y es un ejemplo de país rezagado que amenaza a sus vecinos; Olli Rhen, comisario de Asuntos Económicos de la UE, dice que la subida del IVA retrasará la recuperación de España.

    Creo que Zapatero no es consciente, o no lo era hasta ahora, de la gravedad de la situación real de España. Esta totalmente perdido, se creo un Alicio en el País de las Maravillas que no tiene nada que ver con la situación de nuestro país desde 2007. Y no digamos de la experiencia de su “mandato” en Europa, esta siendo un calvario, y menos mal que termina este mes de junio. Lo malo de su experiencia es que los líderes europeos ya le han descalificado y no están dispuestos a soportar más a una deficiente política económica de nuestro gobernante. Zapatero ha hecho promesas electorales que han ocasionado la destrucción de España; menos mal que ante una pregunta de Rosa Díaz, nos dijo a todos los españoles que este ha sido el peor Presidente y el peor gobierno de la democracia. Presidente las ideologías son la verdadera causa de nuestra trayectoria fatal. Gracias a Grecia y a España, como dice Sorman, la siesta de Europa se ha interrumpido. Presidente Zapatero, dimita y permita a este gran pueblo que se levante sin tanta ideología y tanta mentira.

 

                                                      Agustin Villanueva

                                                      Profesor Honorífico de Economía Aplicada UMH

                                                            2010 / 06 /  20

    

ALICIO EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

                              ALICIO EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

 

 

    Corría el año 2004 cuando en un País idílico todos éramos iguales, bueno unos más que otros, un Alicio nos empezó a contar una nueva historia de un país el cual me costo mucho reconocer. Todo era distinto, todo era mentira y por tanto a mis 72 años creía que en ese país yo no había vivido. Del no pasaran, al hemos pasado, y de repente de nuevo al no pasaran.

    En mi tierra gallega no conocí la guerra, aun cuando nací en pleno cañonazo. Me engendraron en Málaga, pero ante la posibilidad de la inminente guerra, nací en Marín; y como en mi tierra no había guerra, lo único que supe es que a mi padre, en pleno altamar, le asaltaron dos “polizones” que pretendían escapar de España. Menos mal que se quedaron sin carbón, en este país uno siempre se queda sin algo, y tuvieron que amarrar en Portugal. Mi hermano se escapo de casa con 16 años para irse a la guerra, y desde el Norte de España “fue conquistando” todo lo que se le puso enfrente hasta llegar a Castellón, donde mis padres le cazaron y devolvieron a su tierra galaica. Y además un tío que no pude conocer, con esposa y dos hijos, que desapareció en Málaga

    Me hice liberal de pensamiento por amar la libertad. Pase a ser “tecnócrata”, allí estábamos casi todos (¡si yo les contara todos los que estaban!). Hablábamos de números, tantos por ciento, crecimientos económicos, alcanzar un buen desarrollo económico y comencé a escribir en medios de comunicación (Desarrollo, Informaciones, etc.). Vino la democracia: gobierno de la UCD; pasada por la izquierda, PSOE durante 14 años; gobierno del PP, ocho años, y un nuevo PS. Y es aquí donde emerge un nuevo país, una nueva historia, un nuevo mundo idílico. Yo Alicio, y sin gafas especiales os daré un nuevo país, todo lo anterior no vale; nuestra nueva historia será la Alianza de las Civilizaciones, la Memoria historia, el laicismo radical no el neutral, el igualitarismo, el relativismo, un nuevo feminismo; y, mi abuelo.

     De la concordia, del consenso, de la Ley de  Amnistía de 1977, de lo que me contó Carrillo, durante hora y media en mí programa de TV sobre  la ruptura pactada, de cómo se presentó en la plaza de toros de Carabanchel con la bandera española, y del si al Rey, me hacen poner las gafas para ver el nuevo “Alicio en el País de las Maravillas”, y ante las escenas impactantes, me pongo a vomitar. Alicio serás el único responsable de lo que ocurra en ese idílico nuevo país.

    En 2004 se nos dijo que teníamos que mirar a Europa, y el 14 de marzo el France Soir nos dice que la experiencia europea del joven Alicio está siendo un calvario, y lo peor no ha pasado todavía por lo que los lideres europeos ya le han descalificado y no están dispuestos a soportar más sandeces. El problema del país maravilloso es ignorar que la economía obedece a leyes y no al poder de los gobiernos; el joven Alicio ha querido ignorar que la tempestad de la crisis se producía por todas las economías, pero él ha querido ser Superman y decir que éramos los mejores, los campeones de Europa, en fin, que éramos la milk. La consecuencia es que su no intervención en la economía, pero si en la ideología, hundió a nuestra economía en una larga depresión.

    En el país maravilloso se nos dijo que la única salida a la crisis será “social o no será”. Alicio, no hay más política social que la que se preocupa por la dignidad humana, la que da cada persona la seguridad de que el poder de compra que recibe constituye la legítima recompensa por un papel útil desempeñado por él y por ella. Veamos, la tasa de paro en el primer trimestre 2010 subió al 20,05%; el colectivo de paro entre los que tienen 16 a 19 años la tasa alcanza el 59,79%, y los mayores de 45 años alcanza a la cifra de un millón. La idílica Andalucía el paro es del 27,21%, la C. Valenciana el 23,04% y Madrid, el 16,17%. Lo “social” se ha convertido en antisocial.

    Un autor, cuyo nombre no recuerdo, decía que la Historia nos ha enseñado que el mayor error que pueden haber cometido en el pasado y que podamos seguir cometiendo radica siempre en no saber comprender la realidad del momento histórico en el que se vive. En este sentido, nuestro mayor adversario es, a menudo, nuestra propia incapacidad de superar la visión del día a día para elevarla a una visión histórica y de conjunto que nos permita profundizar en las raíces de un diagnóstico global de la realidad. No solo vivimos una crisis económica, como dije en el CGPJ, vivimos una crisis de valores. Estamos viviendo, como indica Mayor Oreja, un auténtico cambio de modelo de sociedad; un auténtico movimiento de “ingeniería social” que busca crear un nuevo modelo de ciudadanos. Ya no se trata de buscar viejos y fallidos postulados de la izquierda que buscaban “liberar al hombre de las ataduras de una estructuras económicas opresoras”. Ahora se adopta como objetivo el liberar al hombre de ataduras más profundas, ligadas a la misma esencia de la naturaleza humana.

    Para que triunfe el mal sólo hace falta que los hombres buenos no hagan nada, Paul Krugman se preguntaba, ¿de qué sirve una sofisticada reflexión sobre la política económica o un minucioso examen de los hechos si siempre ganan las ideas las ideas simplistas? Un sencilla respuesta es que sería un error tirar la toalla, si las personas que tienen ideas buenas no luchan por ellas, no tienen derechos quejarse del resultado. Del País de las Maravillas podemos decir lo que diría Metternich, la vieja Europa estaba al principio del fin, y en el entierro del príncipe de Ligne dijo que era el sepelio de un  mundo insalvable.

 

 

                                                      Agustin Villanueva

                                                      Profesor Honorífico de Economía Aplicada de la UMH

                                                             2010 / 05 / 01

   

POR QUÉ AHORA Y EN AÑO SACERDOTAL

                             POR QUÉ AHORA Y EN EÑ AÑO SACERDOTAL

 

    Estoy en contra de la pedofilia, si; estoy en contra de los pederastas, sí; estoy en contra de los sacerdotes pedófilos, si; estoy en contra de los que matan inocentes, si; estoy en contra de que cuando se prescinde de Dios se empieza a matar inocentes, si; estoy en contra de la corrupción, si; estoy en contra del relativismo, si; estoy en contra del laicismo, si; en esta guerra al cristianismo sería menos peligrosa si los cristianos la advirtiesen, si; estoy a favor de los gobiernos de los mejores, si, pero ya solo me conformo de que no nos gobiernen los más incompetentes. Aquí el principio rector de toda la organización, como diría C.S. Lewis, es que “el perro se come al perro”; todos desean el descrédito, la degradación y la ruina de los demás; todos son expertos en el arte del informe confidencial, la alianza fingida, la puñalada a traición. Por encima de todo eso, sus buenos modales, sus expresiones de grave respeto, sus “homenajes” a los invaluables servicios prestados que por los demás constituyen una tenue certeza de vez en cuando se agrieta, y hace erupción la lava ardiente de su odio mutuo.

    El Salmo II se hace la siguiente pregunta: ¿Por qué se han amotinado las naciones, y los pueblos meditaron cosas vanas? El profesor Hans-Ludwig Kröber comenta que la probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual es de uno contra 40. El problema viene más bien de que los culpables son homosexuales incontinentes. Para Kröber el verdadero problema de la Iglesia católica son sobre todo los sacerdotes homosexuales que no son capaces de vivir o que no quieren vivir la abstinencia sexual y que al mismo tiempo intentan disimularlo, de forma que a veces mantienen relaciones con homosexuales de sectores socialmente marginados. Nadie se vuelve paidófilo por carecer de contactos sexuales con una persona adulta. A Kröber le llama la atención que, después de semanas de debate público no se haya sacado a la luz ninguna sospecha de delito registrado en los últimos años; los hechos que se sacan, por ejemplo en Alemania, se documentan en hechos ocurridos en 1952.

    Hemos pasado la Semana Santa y de nuevo hemos visto como desde los primeros doce que   Jesús eligió, uno fue un terrible traidor. Alguna vez los elegidos de Dios le traicionan. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, como indica Roger Landry, la Iglesia se hubiera centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer. En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, reconocio que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes si lo viven. Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad; la santidad es crucial, porque es el rostro auténtico de la Iglesia. Napoleón, que quería dominar totalmente el mundo, le decía al cardenal Consalvi: Voy a destruir su Iglesia. El Cardenal le contesto, No, no podrá; ¡Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo! Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase

    Marcelo Pera, en el Corriere Della Sera  manifiesta que la guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué esta allí.

    Benedicto XVI en una carta pastoral recalca la gravedad de los abusos, que califica de “actos pecaminosos y criminales”, así como la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas. El Papa señala los factores que contribuyeron más inmediatamente a la crisis: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos (podía yo señalar a la Universidad, alumnos y profesores; estamentos profesionales; gobiernos, etc.) al sacerdocio y a la vida religiosa; la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad, y una mal entendida preocupación por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos, que llevó a no aplicar las penas canónicas en vigor y a omisiones en la salvaguardia de la dignidad de cada persona.

    A las victimas les dice el Papa que vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. En nombre de la Iglesia expresa abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos, y que no perdáis la esperanza. El mismo Jesucristo fue una víctima de la injusticia y el pecado; por ello les pide que puedan descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de nosotros, porque El nunca traicionará vuestra confianza. Los culpables si han traicionado a Jesús y a toda la Iglesia, y por ello deberán responder ante Dios y ante los tribunales. Ratzinger en el vía crucis de marzo de 2005 decía: ¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! Hoy en Papa nos invita al arrepentimiento y a la renovación.

    Como manifestaba San Josemaria, ¿Cuál es la identidad del sacerdote? La de Cristo que quiere perpetuar su sacerdocio – el único sacerdocio – a través de sus ministros. Cada uno es sacerdeos in aeternum: hoy, ahora y siempre. La transmisión de la palabra de Dios exige, vida interior: hemos de hablar a los demás de cosas santas, ex abundantia enim cordia, os loquitur; de la abundancia del corazón habla la boca. El sacerdote, si tiene verdadero espíritu sacerdotal, si es hombre de vida interior, nunca se podrá sentir solo. Vive por Jesucristo, para Jesucristo, con Jesucristo y en Jesucristo. El celibato sacerdotal es un tesoro para toda la Iglesia.

 

 

                                                            Agustin Villanueva

                                                            Profesor  Honorífico de la UMH

                                                                   2010/04 / 04

 

SOCIALISMO, IGUALDAD Y ENVIDIA

SOCIALISMO, IGUALDAD Y LA ENVIDIA

 

   Este es el cuarto artículo sobre el Socialismo y sus errores no sólo en España sino también en el resto del Universo. El problema es siempre el mismo, entender el significado de la libertad, esa libertad que significa ausencia de coacción arbitraria o de  obstáculos para la acción que permite gozar pacíficamente de la independencia privada. Como destacaba Hayek, nuestra fe en la libertad no descansa en los resultados previsibles en circunstancias especiales, sino en la creencia de que, en fin de cuenta, dejará libres para el bien más fuerzas que para el mal.

    Cuando se trata de imponer la igualdad, con la excepción de la Miembra que no quiere que los embriones sean personas y puedan ser iguales a los demás y tener el derecho a nacer, los  resultados pueden ser casi perversos y pueden llevarnos a la envidia. La Miembra, bueno y el Presidente del reino de España, tienen la pretensión de que la meta de toda actuación política debería consistir en eliminar todas las fuentes de descontento. O sea, pretenden asumir la responsabilidad de que nadie gozara de mayor salud,  ni dispusiera de un temperamento más alegre, ni que conviviera con esposa más amable, ni engendrará hijos menos dotados que ningún otro ser humano, que los padres no fueren padres, los matrimonios no fueran matrimonios, los hijos fueran hijos, etc.

    Hayek manifiesta que si en verdad todos los deseos no satisfechos implican el derecho a acudir en queja a la colectividad, la responsabilidad individual ha terminado. Una de las fuentes de descontento que la sociedad libre no puede eliminar es la envidia, por muy humana que sea. La envidia, según las palabras de J.Stuart Mill, la debemos tratar como la más antisocial y perniciosa de todas las pasiones. Un mundo en el que la mayoría pudiera impedir la aparición de todo lo que no fuera de su agrado sería un mundo estancado y, probablemente, un mundo decadente.

    El origen de la envidia, nos dice A. De Jasay en su libro El Estado, es el carácter envidioso, no un puñado manejable de la incontable multitud de desigualdades; la envidia no desaparecerá una vez que se hayan incendiado todos los castillos, el mérito haya reemplazado al privilegio y todos los niños hayan sido enviados a las mismas escuelas. Ningún esfuerzo por hacer más triste a la sociedad la hará lo suficientemente triste como para suprimir la envidia. Hayek nos dice que si valoramos a una sociedad libre es imperativo que no toleremos la envidia, ni sancionemos sus demandas camuflándolas de justicia social, sino que la tratemos como la más antisocial y perversa de todas las pasiones. La justicia social, como la condescendencia hacia otras formas de hedonismo político puede afirmarse que es antisocial, proclive a conducir a la corrupción de la sociedad civil por parte del Estado y a una deformación peligrosa de ambos.  Si eliminar la envidia es un objetivo valioso, ¿nos comprometemos a reducir la desigualdad?

    En un articulo Hal R Variam, “Envy and Efficiency”, se refiere a la simetría del tratamiento el trato desigual y el conflicto entre la inexistencia de envidia y la eficiencia. Define la envidia como la preferencia de alguien por los recursos de algún otro y la equidad, Un sacrificio de la eficiencia permite que se equiparen los recursos, es decir puede abolir la envidia. Si el esfuerzo es un bien negativo, cabe que sea posible compatibilizar la eficiencia con la equidad, pues la gente puede no envidiar unos mayores recursos si para ganarlos se exige un mayor esfuerzo. El punto significativo para nuestro propósito es que todas las desigualdades se reducen sólo a la desigualdad de los recursos. Mediante la equiparación de recursos podemos eliminar la desigualdad, por lo tanto la envidia, aunque pueda haber un objetivo opuesto más o menos poderoso que anule el valor de la inexistencia de envidia.

    En defensa de las desigualdades, Nozik, en Anachy, State and Utopia, ofrece el ingenioso argumento de que la envidia realmente es amour progre herido, y que si alguien se siente herido en cuanto a algo (baja puntuación, el dinero que gana) encontrara otras desigualdades (habilidad lingüística, elegancia) donde ostentará la mayor puntuación. Si el Estado, para reducir la envidia elimina una dimensión de la desigualdad, la autoestima buscará comparaciones a lo largo de las restantes dimensiones. A medida, continua Nozik, que disminuyen las dimensiones, menores serán las oportunidades de que un individuo pueda  utilizar válidamente como base para la autoestima una estrategia de atribución no uniforme de importancia que conceda un mayor peso a la dimensión en la que su puntuación es superior.

    De Jasay nos dice que el incendio del castillo, el desmoronamiento de grandes fortunas, o la apropiación del dinero del rico y su transferencia al pobre provocarán satisfacción en el envidioso, pero sólo mientras dure el drama del movimiento de un estado de cosas al otro. Una vez que todos los castillos hayan sido quemados no pueden ser quemados de nuevo. Si la desigualdad es un mero gatillo y el origen de la envidia estriba en la condición de ser envidioso, ¿qué sentido tiene combatir las desigualdades susceptibles de igualación cuando siempre hay muchos más que no lo son?

 

                                                                

                                                Agustin Villanueva

                                                Profesor de Deontología Periodística y Comunicación

                                                                2010 / 03 / 21

    

   

 

"RELATIVISMO Y ADOCTRINAMIENTO"

                           RELATIVISMO Y ADOCTRINAMIENTO

 

    No hay función sin tarasca, ni día sin explicaciones sobre laicismo y su importancia en la “vida sana de los ciudadanos”. Incluso se llega a informar: “que la lucha a favor del laicismo tiende a concentrarse en el terreno de la escuela, porque se piensa que esa institución es el lugar en el que deben “prevalecer los valores universales sobre los particulares”; “que el laicismo no está para nada asociado con el materialismo”, y “que el laicismo no es una concepción relativista”, y además se añade, “ muchos partidarios del laicismo somos materialistas, en el sentido de que no creemos que este mundo haya sido creado por algún ser sobrenatural, que haya vida después de la muerte y cosas por el estilo”. Bien. O sea, como manifestaba Jean-Pierre Chevénement, no basta con cambiar las cabezas, hay que cambiar también lo que hay dentro de las cabezas.

 

    El desarrollo alarmante del laicismo en nuestra sociedad no se trata del reconocimiento de la justa autonomía del orden temporal en sus instituciones y procesos, algo que es compatible con la fe cristiana y asta directamente favorecido y exigido por ella, sino más bien se trata, de la voluntad de prescindir de Dios en la visión y la valoración del mundo, en la imagen que el hombre tiene de sí mismo, del origen y término de su existencia, de las normas y los objetivos de sus actividades personales y sociales. Vivimos en un mundo en donde se va implantando la comprensión atea de la propia existencia: “si Dios existe, no soy libre; si yo soy libre no puedo reconocer la existencia de Dios”. O sea, deseo ilusorio y blasfemo de ser dueños absolutos de todo, de dirigir nuestra vida y la vida de la sociedad a nuestro gusto, sin contar con Dios, como si fuéramos verdaderos creadores del mundo y de nosotros mismos. De ahí, la exaltación de la propia libertad como norma suprema del bien y del mal y el olvido de Dios, con el consiguiente menosprecio de la religión y la consideración idolátrica de los bienes del mundo y de la vida terrena como si fueran el bien supremo. Aquí de lo que se trata, y lo dice un liberal de pensamiento, es hacer de la libertad individual un valor absoluto, al que los demás tendrían que someterse.

    El laicismo está poniendo en peligro el derecho a la libertad religiosa; el laicismo ya no es aquel elemento de neutralidad que abre espacios de libertad a todos, comienza a transformarse en una ideología que se impone a través de la política y no concede espacio público a la visión católica y cristiana, que corre el riesgo de convertirse en algo puramente privado y, en el fondo, mutilado. La laicidad justa es la libertad de religión, como señala Benedicto XVI; el estado no impone una religión, sino que deja espacio libre a las religiones con una responsabilidad hacia la sociedad civil, y por tanto, permite a estas religiones que sean factores en la construcción de la vida social.

    Laicidad del estado y de las instituciones políticas significa neutralidad ante las diferentes preferencias religiosas de los ciudadanos. Pero no hay tal neutralidad, como indica Pablo Cabellos en un artículo de Las Provincias, quizá porque los extremos se tocan y, en el fondo, somos un país clerical, un país que va siempre detrás de los curas. Como un cirio o con un palo. Y ni  uno ni lo otro responden a una laicidad sana, esa que determina la legítima autonomía de las realidades temporales, la verdadera libertad religiosa y el respeto a la Iglesia católica, a otro tipo de creencias, y a las personas. Pero la impresión en nuestro país es que la laicidad es más bien la del palo detrás del católico; por tanto, se cae en un laicismo que es la perversión agresiva de la laicidad. La obsesión del laicismo por extremar drásticamente la separación entre el Estado y lo religioso sería una idea cristiana que se ha vuelto loca. El laicismo es una actitud por la que el Estado no reconoce la vida religiosa de los ciudadanos como un bien positivo que forma parte del bien común de los ciudadanos, que debe ser protegido por los poderes públicos, sino que la considera más bien como una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por tanto ser ignorada, marginada y más aún políticamente reprimida. Si los dos conceptos laicidad y laicismo, se aclarasen podríamos estar de acuerdo en que la laicidad, rectamente entendida y ejercida, es garantía de libertad, igualdad y convivencia.

    Los peligros derivados de la confusión entre el ámbito religioso y el ámbito político, porque son particularmente delicadas las situaciones en las que una norma específicamente religiosa se convierte o tiende a convertirse en ley del estado, sin que tenga en debida cuenta la distinción entre las competencias de la religión y las de la sociedad política. Identificar la ley religiosa con la civil puede sofocar la libertad religiosa e incluso limitar o negar otros derechos humanos inalienables. El Estado no puede suplantar a la sociedad como educador de la conciencia moral. En el caso de la EpC como dice  el profesor Otaduy es una hermosa criatura, pero, en España, ha venido al mundo con pecado original. La actual educación  no puede ocultar que es hija de un poder adornado con ribetes de laicismo, que tiende a una interpretación exclusivista y autoritaria del “mínimo común ético constitucionalmente consagrado”, en lugar de reconocer los derechos de libertad religiosa de las personas y favorecer su libre ejercicio”.

 

                                             Agustín Villanueva

                                             Prof. Honorífico de Economía Aplicada de la UMH

                                                      2010 / 02 / 20