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Agustín Villanueva

YO ACUSO AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

                                 YO ACUSO AL PRESIDENTE DEL GOBIERNO

 

    En el “Retirarse a tiempo”, Calvo Serer decía que si estamos o no en los comienzos de una nueva Revolución francesa, el tiempo lo dirá. Pero lo que ha quedado claro es la incompatibilidad de un gobierno personal o autoritario con las estructuras de la sociedad industrial y con la mentalidad democrática de nuestra época en el contexto mundial. Aun en los mismos regímenes socialistas el culto a la personalidad característico del período staliniano ha tenido que desaparecer. En los regímenes democráticos, incluso, grandes personalidades, como Churchill y Adenauer, fueron objeto de duras críticas y se vieron obligados a abandonar el Poder (es que caro amico el Poder se escribe con j, y es mejor que sea dimitido al que lo hace mal, que se use la j a todo un pueblo, por lo menos a los parados y familias sin ya el derecho al paro) por los electores (sin que les mienta) que en otros momentos les manifestaron entusiasta adhesión o un simple reconocimiento de sus servicios.

    Yo acuso a ZP de ignorar que la economía obedece a leyes y no al poder discrecional de los Gobiernos. Usted ha querido ignorar que la tempestad de la crisis se producía por todas las economías, pero usted ha querido ser Superman y decirnos que éramos los mejores, éramos los campeones de Europa, éramos mejores que todos los de la UE, etc. La consecuencia fue que su no intervención en la economía la hundió en una larga depresión.

    Yo acuso a ZP de decirnos que la única salida a la crisis “será social o no será”. Presidente del Gobierno del Reino de España, no hay más política social que la que se preocupa por la dignidad humana, la que da a cada hombre, a cada mujer, la seguridad de que el poder de compra que recibe constituye la legítima recompensa por un papel útil desempeñado por él y por ella. Hayek manifiesta que es esencial que los defensores de un sistema de mercado comprendan por qué son tan difíciles de extinguir las esperanzas socialistas de una Nueva Jerusalén. El sueño de una utopía socialista utiliza dos impulsos humanos hondos y básicos: uno, la búsqueda de la “justicia social” para una sociedad mejor, quizás más igualitaria pero ciertamente menos injusta que aquella en la que vivimos. La segunda es la esperanza, y en tiempo más optimistas o arrogantes la expectativa, de que con la razón, la planificación y una previsión adecuada, pueda construirse realmente una sociedad así. Teorizar como debe ser la sociedad “justa” sin haber tomado previamente la molestia de reflexionar cuidadosamente sobre las consecuencias económicas que comporta perseguir dicho ideal significa conculcar nuestra obligación de prestar en todo lo posible ayuda a nuestros semejantes. Los intelectuales socialistas han intentado trivializar las enseñanzas de la economía, pero cuado se han intentado ponerlas en práctica nunca han funcionado como sus líderes intelectuales pretendían.

    Como Presidente de este gobierno, en el que usted puso como primero la ideología y luego el gobernar, no ha querido oír a nadie, pero eso si solamente a su  propia ideología, como si el hecho de gobernar es otra cosa. Creo que no ha hecho caso ni a sus “economistas mundiales”. Nouriel Roubini, el gurú de la crisis,, afirma que España es una amenaza para el futuro del euro (creo que el euro esta casi muerto desde que se ignoro al Plan de Estabilidad y de Crecimiento) y que estamos lastrados por una tasa de paro (eso si que es los “social”) que duplica la media y una banca débil; Ken Rogoff, economista de Harvard, cree que España tiene un fuerte endeudamiento y augura una lenta recuperación; Xavier Sala, la imagen de España se ha deteriorado y es un ejemplo de país rezagado que amenaza a sus vecinos; Olli Rhen, comisario de Asuntos Económicos de la UE, dice que la subida del IVA retrasará la recuperación de España.

    Creo que Zapatero no es consciente, o no lo era hasta ahora, de la gravedad de la situación real de España. Esta totalmente perdido, se creo un Alicio en el País de las Maravillas que no tiene nada que ver con la situación de nuestro país desde 2007. Y no digamos de la experiencia de su “mandato” en Europa, esta siendo un calvario, y menos mal que termina este mes de junio. Lo malo de su experiencia es que los líderes europeos ya le han descalificado y no están dispuestos a soportar más a una deficiente política económica de nuestro gobernante. Zapatero ha hecho promesas electorales que han ocasionado la destrucción de España; menos mal que ante una pregunta de Rosa Díaz, nos dijo a todos los españoles que este ha sido el peor Presidente y el peor gobierno de la democracia. Presidente las ideologías son la verdadera causa de nuestra trayectoria fatal. Gracias a Grecia y a España, como dice Sorman, la siesta de Europa se ha interrumpido. Presidente Zapatero, dimita y permita a este gran pueblo que se levante sin tanta ideología y tanta mentira.

 

                                                      Agustin Villanueva

                                                      Profesor Honorífico de Economía Aplicada UMH

                                                            2010 / 06 /  20

    

ECONOMIAS GOTICAS U CHURRIGUERESCAS

                               ECONOMÍAS GOTICAS O CHURRIGUERESCAS

 

    El profesor Frank Parish  de la London School of Economics, narra la siguiente parábola: imagínese que usted esta conduciendo un coche por una carretera recta pero ondulada. Las ondulaciones no son regulares: algunos de los montículos tienen una pendiente pronunciada, oteros tienen una pendiente suave; algunos son largos, otros son cortos. A usted le dan la instrucción que debe mantener el coche a una velocidad constante. Para conseguirlo, usted tendrá que acelerar subiendo los montículos y frenar al bajarlos. Sin embargo, hay un serio problema. El coche no es un coche normal. Tiene las siguientes características no habituales:

    El parabrisas delantero y las ventanillas laterales son negras, de modo que usted no puede ver hacia donde se dirige. Lo único que usted puede ver es el lugar por el que ya ha pasado cuando mira por el espejo retrovisor. Tanto el pedal de freno como el de acelerador funcionan con un retardo considerable e impredecible. La suspensión del coche es tan buena que usted no puede notar si está subiendo o bajando un montículo, sólo puede juzgar esto mirando por el retrovisor y viendo sí la carretera que está detrás de usted está más alta o más baja del lugar en el que usted se encuentra. Finalmente el coche tiene un sensor especial y un volante automático que lo mantiene en el carril adecuado.

    A medida que avanza, usted ve que la carretera por detrás suyo está más arriba y se da cuenta que se encuentra bajando. El coche va cada vez más de prisa. Usted frena, pero no sucede nada. En su intento de ralentizar la marcha, usted pisa el pedal del freno hasta el fondo. Cuando al final el freno acaba funcionando, lo hace de una manera muy brusca. Para ese momento el coche ya ha llegado a la zona más baja entre dos montículos. Sin embargo, usted todavía no se da cuenta de ello y continúa frenando. Ahora el coche está subiendo un nuevo montículo, pero el pedal del freno continua pisado. Al mirar el retrovisor, usted termina por darse cuenta de esto. Quita el pie del freno y comienza a acelerar. Pero los pedales no responden. El coche sigue reduciendo su velocidad y apenas puede usted alcanzar la cumbre del montículo. Entonces, a medida que usted comienza a bajar por el otro lado, los frenos acaban dejando de frenar y el acelerador empieza a acelerar.

    ¿Qué debería hacerse? Una alternativa obvia sería intentar reducir los retardos temporales y mejorar las técnicas de predicción. Pero como el presidente no quiere saber nada de datos económicos, pero si de datos demagógicos e ideológicos, lo única estrategia será la no de levantar el pie del acelerador ni pisarlo más fuerte; esta estrategia no evitará que el coche vaya más rápido cuesta abajo ni más lento cuesta arriba, pero al menor contribuirá a que la velocidad sea incluso más irregular.

    Si ya advertimos que los anteriores PGE , con crisis y recesión, eran increíbles, inadecuados e inoportunos y desfasados, los nuevos  lo son de la resignación, de más déficit, de más deuda, de mas recesión, de más paro, de menos consumo, de mayor caída de la actividad económica, y que no servirán para salir de la crisis. Una vez más podemos decir no sólo que este gobierno hace todo lo contrario de lo que dice sino que para los ciudadanos de este país, salvo no que están en el reparto del poder, el poder fiscal es la manifestación más conocida del poder de coacción del Estado. Este poder conlleva la facultad de imponer, eso si a los más débiles, gravámenes a los que solamente puede hacerse frente mediante una transferencia al Estado de recursos económicos, o de los derechos financieros sobre tales recursos que llevan consigo poderes efectivos de ejecución bajo la genuina definición del poder tributario. El poder “tributario” es sencillamente el poder de “apropiación”.

    El presidente pretende crear el cielo en la tierra, pero la utopía sólo consigue crear un infierno; un infierno como sólo el hombre es capaz de construir para sus semejantes. Tiene usted que volver al mundo real, o sea, al mundo que significa afirmar la libertad, los derechos fundamentales, la dignidad del ser humano, la democracia, la igualdad de oportunidades, la economía de mercado, la propiedad privada, el afán de lucro de los ciudadanos,  etc.

    Presidente era usted consciente que sus PGE contemplaban la mayor subida de impuestos de la democracia, cuando usted advirtió en el G-20 sobre el grave error que supondría una retirada prematura de estímulos fiscales. Para usted la clase media no existe, arremete contra los empresarios,  nos habla que el cambio climático es una de las causas de la recesión ( usted que desde 2007 nos dijo que éramos los mejores), nos hablaba del gasto social cuando solamente el 8% del dinero estatal llegaría a los parados, en  los PGE la deuda pública seria de 556.600 millones de euros, los pagos por intereses de la Deuda del Estado  en 2010 asciendan a 23.200 millones , las rentas de capital pagarán desde el 1 de enero el 19% por los primeros 6.000  obtenidos y el 21% a partir de esa cantidad, etc.

    Resultado de todo ello, que los PGE no han servido para nada. Bueno para algo han servido para estar en abril de 2010 con una situación de casi quiebra en el sistema, y un ejecutivo que no sabe por donde anda. En una jornada sobre empleo en San Vicente del Raspeig, organizada por la brillante concejala Carmen Escolano (¡que gran Ayuntamiento y que gran Alcaldesa!), nos decía Ramón Tamames que había que cambiar el modelo económico, y yo le conteste que aún más importante era cambiar el modelo político, ya que era la causa de todos nuestros males. El interés del Estado está en una elevada presión fiscal, el de la comunidad, en pagar tan pocos impuestos como permita la cobertura de los gastos que necesita un buen gobierno. That´s the way it is

 

                                                Agustin Villanueva

                                                Profesor Honorífico de Economía Aplicada de la UMH

                                                           2010 / 05 / 16

 

 

ALICIO EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

                              ALICIO EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS

 

 

    Corría el año 2004 cuando en un País idílico todos éramos iguales, bueno unos más que otros, un Alicio nos empezó a contar una nueva historia de un país el cual me costo mucho reconocer. Todo era distinto, todo era mentira y por tanto a mis 72 años creía que en ese país yo no había vivido. Del no pasaran, al hemos pasado, y de repente de nuevo al no pasaran.

    En mi tierra gallega no conocí la guerra, aun cuando nací en pleno cañonazo. Me engendraron en Málaga, pero ante la posibilidad de la inminente guerra, nací en Marín; y como en mi tierra no había guerra, lo único que supe es que a mi padre, en pleno altamar, le asaltaron dos “polizones” que pretendían escapar de España. Menos mal que se quedaron sin carbón, en este país uno siempre se queda sin algo, y tuvieron que amarrar en Portugal. Mi hermano se escapo de casa con 16 años para irse a la guerra, y desde el Norte de España “fue conquistando” todo lo que se le puso enfrente hasta llegar a Castellón, donde mis padres le cazaron y devolvieron a su tierra galaica. Y además un tío que no pude conocer, con esposa y dos hijos, que desapareció en Málaga

    Me hice liberal de pensamiento por amar la libertad. Pase a ser “tecnócrata”, allí estábamos casi todos (¡si yo les contara todos los que estaban!). Hablábamos de números, tantos por ciento, crecimientos económicos, alcanzar un buen desarrollo económico y comencé a escribir en medios de comunicación (Desarrollo, Informaciones, etc.). Vino la democracia: gobierno de la UCD; pasada por la izquierda, PSOE durante 14 años; gobierno del PP, ocho años, y un nuevo PS. Y es aquí donde emerge un nuevo país, una nueva historia, un nuevo mundo idílico. Yo Alicio, y sin gafas especiales os daré un nuevo país, todo lo anterior no vale; nuestra nueva historia será la Alianza de las Civilizaciones, la Memoria historia, el laicismo radical no el neutral, el igualitarismo, el relativismo, un nuevo feminismo; y, mi abuelo.

     De la concordia, del consenso, de la Ley de  Amnistía de 1977, de lo que me contó Carrillo, durante hora y media en mí programa de TV sobre  la ruptura pactada, de cómo se presentó en la plaza de toros de Carabanchel con la bandera española, y del si al Rey, me hacen poner las gafas para ver el nuevo “Alicio en el País de las Maravillas”, y ante las escenas impactantes, me pongo a vomitar. Alicio serás el único responsable de lo que ocurra en ese idílico nuevo país.

    En 2004 se nos dijo que teníamos que mirar a Europa, y el 14 de marzo el France Soir nos dice que la experiencia europea del joven Alicio está siendo un calvario, y lo peor no ha pasado todavía por lo que los lideres europeos ya le han descalificado y no están dispuestos a soportar más sandeces. El problema del país maravilloso es ignorar que la economía obedece a leyes y no al poder de los gobiernos; el joven Alicio ha querido ignorar que la tempestad de la crisis se producía por todas las economías, pero él ha querido ser Superman y decir que éramos los mejores, los campeones de Europa, en fin, que éramos la milk. La consecuencia es que su no intervención en la economía, pero si en la ideología, hundió a nuestra economía en una larga depresión.

    En el país maravilloso se nos dijo que la única salida a la crisis será “social o no será”. Alicio, no hay más política social que la que se preocupa por la dignidad humana, la que da cada persona la seguridad de que el poder de compra que recibe constituye la legítima recompensa por un papel útil desempeñado por él y por ella. Veamos, la tasa de paro en el primer trimestre 2010 subió al 20,05%; el colectivo de paro entre los que tienen 16 a 19 años la tasa alcanza el 59,79%, y los mayores de 45 años alcanza a la cifra de un millón. La idílica Andalucía el paro es del 27,21%, la C. Valenciana el 23,04% y Madrid, el 16,17%. Lo “social” se ha convertido en antisocial.

    Un autor, cuyo nombre no recuerdo, decía que la Historia nos ha enseñado que el mayor error que pueden haber cometido en el pasado y que podamos seguir cometiendo radica siempre en no saber comprender la realidad del momento histórico en el que se vive. En este sentido, nuestro mayor adversario es, a menudo, nuestra propia incapacidad de superar la visión del día a día para elevarla a una visión histórica y de conjunto que nos permita profundizar en las raíces de un diagnóstico global de la realidad. No solo vivimos una crisis económica, como dije en el CGPJ, vivimos una crisis de valores. Estamos viviendo, como indica Mayor Oreja, un auténtico cambio de modelo de sociedad; un auténtico movimiento de “ingeniería social” que busca crear un nuevo modelo de ciudadanos. Ya no se trata de buscar viejos y fallidos postulados de la izquierda que buscaban “liberar al hombre de las ataduras de una estructuras económicas opresoras”. Ahora se adopta como objetivo el liberar al hombre de ataduras más profundas, ligadas a la misma esencia de la naturaleza humana.

    Para que triunfe el mal sólo hace falta que los hombres buenos no hagan nada, Paul Krugman se preguntaba, ¿de qué sirve una sofisticada reflexión sobre la política económica o un minucioso examen de los hechos si siempre ganan las ideas las ideas simplistas? Un sencilla respuesta es que sería un error tirar la toalla, si las personas que tienen ideas buenas no luchan por ellas, no tienen derechos quejarse del resultado. Del País de las Maravillas podemos decir lo que diría Metternich, la vieja Europa estaba al principio del fin, y en el entierro del príncipe de Ligne dijo que era el sepelio de un  mundo insalvable.

 

 

                                                      Agustin Villanueva

                                                      Profesor Honorífico de Economía Aplicada de la UMH

                                                             2010 / 05 / 01

   

POR QUÉ AHORA Y EN AÑO SACERDOTAL

                             POR QUÉ AHORA Y EN EÑ AÑO SACERDOTAL

 

    Estoy en contra de la pedofilia, si; estoy en contra de los pederastas, sí; estoy en contra de los sacerdotes pedófilos, si; estoy en contra de los que matan inocentes, si; estoy en contra de que cuando se prescinde de Dios se empieza a matar inocentes, si; estoy en contra de la corrupción, si; estoy en contra del relativismo, si; estoy en contra del laicismo, si; en esta guerra al cristianismo sería menos peligrosa si los cristianos la advirtiesen, si; estoy a favor de los gobiernos de los mejores, si, pero ya solo me conformo de que no nos gobiernen los más incompetentes. Aquí el principio rector de toda la organización, como diría C.S. Lewis, es que “el perro se come al perro”; todos desean el descrédito, la degradación y la ruina de los demás; todos son expertos en el arte del informe confidencial, la alianza fingida, la puñalada a traición. Por encima de todo eso, sus buenos modales, sus expresiones de grave respeto, sus “homenajes” a los invaluables servicios prestados que por los demás constituyen una tenue certeza de vez en cuando se agrieta, y hace erupción la lava ardiente de su odio mutuo.

    El Salmo II se hace la siguiente pregunta: ¿Por qué se han amotinado las naciones, y los pueblos meditaron cosas vanas? El profesor Hans-Ludwig Kröber comenta que la probabilidad de que un célibe cometa un abuso sexual es de uno contra 40. El problema viene más bien de que los culpables son homosexuales incontinentes. Para Kröber el verdadero problema de la Iglesia católica son sobre todo los sacerdotes homosexuales que no son capaces de vivir o que no quieren vivir la abstinencia sexual y que al mismo tiempo intentan disimularlo, de forma que a veces mantienen relaciones con homosexuales de sectores socialmente marginados. Nadie se vuelve paidófilo por carecer de contactos sexuales con una persona adulta. A Kröber le llama la atención que, después de semanas de debate público no se haya sacado a la luz ninguna sospecha de delito registrado en los últimos años; los hechos que se sacan, por ejemplo en Alemania, se documentan en hechos ocurridos en 1952.

    Hemos pasado la Semana Santa y de nuevo hemos visto como desde los primeros doce que   Jesús eligió, uno fue un terrible traidor. Alguna vez los elegidos de Dios le traicionan. Si el escándalo causado por Judas hubiera sido lo único en lo que los miembros de la primera Iglesia se hubieran centrado, como indica Roger Landry, la Iglesia se hubiera centrado, la Iglesia habría estado acabada antes de comenzar a crecer. En vez de ello, la Iglesia reconoció que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, reconocio que no se juzga algo por aquellos que no lo viven, sino por quienes si lo viven. Toda crisis que enfrenta la Iglesia, toda crisis que el mundo enfrenta, es una crisis de santidad; la santidad es crucial, porque es el rostro auténtico de la Iglesia. Napoleón, que quería dominar totalmente el mundo, le decía al cardenal Consalvi: Voy a destruir su Iglesia. El Cardenal le contesto, No, no podrá; ¡Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo! Cristo nunca permitirá que Su Iglesia fracase

    Marcelo Pera, en el Corriere Della Sera  manifiesta que la guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué esta allí.

    Benedicto XVI en una carta pastoral recalca la gravedad de los abusos, que califica de “actos pecaminosos y criminales”, así como la respuesta a menudo inadecuada que han recibido por parte de las autoridades eclesiásticas. El Papa señala los factores que contribuyeron más inmediatamente a la crisis: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos (podía yo señalar a la Universidad, alumnos y profesores; estamentos profesionales; gobiernos, etc.) al sacerdocio y a la vida religiosa; la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados; la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad, y una mal entendida preocupación por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos, que llevó a no aplicar las penas canónicas en vigor y a omisiones en la salvaguardia de la dignidad de cada persona.

    A las victimas les dice el Papa que vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad. En nombre de la Iglesia expresa abiertamente la vergüenza y el remordimiento que sentimos todos, y que no perdáis la esperanza. El mismo Jesucristo fue una víctima de la injusticia y el pecado; por ello les pide que puedan descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de nosotros, porque El nunca traicionará vuestra confianza. Los culpables si han traicionado a Jesús y a toda la Iglesia, y por ello deberán responder ante Dios y ante los tribunales. Ratzinger en el vía crucis de marzo de 2005 decía: ¡Cuánta suciedad hay en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! Hoy en Papa nos invita al arrepentimiento y a la renovación.

    Como manifestaba San Josemaria, ¿Cuál es la identidad del sacerdote? La de Cristo que quiere perpetuar su sacerdocio – el único sacerdocio – a través de sus ministros. Cada uno es sacerdeos in aeternum: hoy, ahora y siempre. La transmisión de la palabra de Dios exige, vida interior: hemos de hablar a los demás de cosas santas, ex abundantia enim cordia, os loquitur; de la abundancia del corazón habla la boca. El sacerdote, si tiene verdadero espíritu sacerdotal, si es hombre de vida interior, nunca se podrá sentir solo. Vive por Jesucristo, para Jesucristo, con Jesucristo y en Jesucristo. El celibato sacerdotal es un tesoro para toda la Iglesia.

 

 

                                                            Agustin Villanueva

                                                            Profesor  Honorífico de la UMH

                                                                   2010/04 / 04

 

SOCIALISMO, IGUALDAD Y ENVIDIA

SOCIALISMO, IGUALDAD Y LA ENVIDIA

 

   Este es el cuarto artículo sobre el Socialismo y sus errores no sólo en España sino también en el resto del Universo. El problema es siempre el mismo, entender el significado de la libertad, esa libertad que significa ausencia de coacción arbitraria o de  obstáculos para la acción que permite gozar pacíficamente de la independencia privada. Como destacaba Hayek, nuestra fe en la libertad no descansa en los resultados previsibles en circunstancias especiales, sino en la creencia de que, en fin de cuenta, dejará libres para el bien más fuerzas que para el mal.

    Cuando se trata de imponer la igualdad, con la excepción de la Miembra que no quiere que los embriones sean personas y puedan ser iguales a los demás y tener el derecho a nacer, los  resultados pueden ser casi perversos y pueden llevarnos a la envidia. La Miembra, bueno y el Presidente del reino de España, tienen la pretensión de que la meta de toda actuación política debería consistir en eliminar todas las fuentes de descontento. O sea, pretenden asumir la responsabilidad de que nadie gozara de mayor salud,  ni dispusiera de un temperamento más alegre, ni que conviviera con esposa más amable, ni engendrará hijos menos dotados que ningún otro ser humano, que los padres no fueren padres, los matrimonios no fueran matrimonios, los hijos fueran hijos, etc.

    Hayek manifiesta que si en verdad todos los deseos no satisfechos implican el derecho a acudir en queja a la colectividad, la responsabilidad individual ha terminado. Una de las fuentes de descontento que la sociedad libre no puede eliminar es la envidia, por muy humana que sea. La envidia, según las palabras de J.Stuart Mill, la debemos tratar como la más antisocial y perniciosa de todas las pasiones. Un mundo en el que la mayoría pudiera impedir la aparición de todo lo que no fuera de su agrado sería un mundo estancado y, probablemente, un mundo decadente.

    El origen de la envidia, nos dice A. De Jasay en su libro El Estado, es el carácter envidioso, no un puñado manejable de la incontable multitud de desigualdades; la envidia no desaparecerá una vez que se hayan incendiado todos los castillos, el mérito haya reemplazado al privilegio y todos los niños hayan sido enviados a las mismas escuelas. Ningún esfuerzo por hacer más triste a la sociedad la hará lo suficientemente triste como para suprimir la envidia. Hayek nos dice que si valoramos a una sociedad libre es imperativo que no toleremos la envidia, ni sancionemos sus demandas camuflándolas de justicia social, sino que la tratemos como la más antisocial y perversa de todas las pasiones. La justicia social, como la condescendencia hacia otras formas de hedonismo político puede afirmarse que es antisocial, proclive a conducir a la corrupción de la sociedad civil por parte del Estado y a una deformación peligrosa de ambos.  Si eliminar la envidia es un objetivo valioso, ¿nos comprometemos a reducir la desigualdad?

    En un articulo Hal R Variam, “Envy and Efficiency”, se refiere a la simetría del tratamiento el trato desigual y el conflicto entre la inexistencia de envidia y la eficiencia. Define la envidia como la preferencia de alguien por los recursos de algún otro y la equidad, Un sacrificio de la eficiencia permite que se equiparen los recursos, es decir puede abolir la envidia. Si el esfuerzo es un bien negativo, cabe que sea posible compatibilizar la eficiencia con la equidad, pues la gente puede no envidiar unos mayores recursos si para ganarlos se exige un mayor esfuerzo. El punto significativo para nuestro propósito es que todas las desigualdades se reducen sólo a la desigualdad de los recursos. Mediante la equiparación de recursos podemos eliminar la desigualdad, por lo tanto la envidia, aunque pueda haber un objetivo opuesto más o menos poderoso que anule el valor de la inexistencia de envidia.

    En defensa de las desigualdades, Nozik, en Anachy, State and Utopia, ofrece el ingenioso argumento de que la envidia realmente es amour progre herido, y que si alguien se siente herido en cuanto a algo (baja puntuación, el dinero que gana) encontrara otras desigualdades (habilidad lingüística, elegancia) donde ostentará la mayor puntuación. Si el Estado, para reducir la envidia elimina una dimensión de la desigualdad, la autoestima buscará comparaciones a lo largo de las restantes dimensiones. A medida, continua Nozik, que disminuyen las dimensiones, menores serán las oportunidades de que un individuo pueda  utilizar válidamente como base para la autoestima una estrategia de atribución no uniforme de importancia que conceda un mayor peso a la dimensión en la que su puntuación es superior.

    De Jasay nos dice que el incendio del castillo, el desmoronamiento de grandes fortunas, o la apropiación del dinero del rico y su transferencia al pobre provocarán satisfacción en el envidioso, pero sólo mientras dure el drama del movimiento de un estado de cosas al otro. Una vez que todos los castillos hayan sido quemados no pueden ser quemados de nuevo. Si la desigualdad es un mero gatillo y el origen de la envidia estriba en la condición de ser envidioso, ¿qué sentido tiene combatir las desigualdades susceptibles de igualación cuando siempre hay muchos más que no lo son?

 

                                                                

                                                Agustin Villanueva

                                                Profesor de Deontología Periodística y Comunicación

                                                                2010 / 03 / 21

    

   

 

SOCIALISMO Y LA IGUALDAD

                                          SOCIALISMO Y LA IGUALDAD

 

    En una visita a Karl Vivary, lugar de recreo de los “jerarcas” del socialismo, me hice una mejor idea aún sobre como entendía el socialismo el concepto igualdad: los que mandaban vivían de maravilla y los que obedecían a la planificación y que el Estado pensaba y hablaba por ellos. El presidente del Reino de España entiende perfectamente lo que significa la igualdad, todo para Cataluña y el resto para las demás Comunidades Autónomas; no importa nada que Madrid y la Comunidad Valenciana sean la primera y la cuarta en aportar más a todas las demás Comunidades, como no tengo allí mi granero de votos, pues eso….. No hay igualdad verdadera si quien hace más que otro no es más que otro. Como manifestaba Lord Acton, la más sublime oportunidad que alguna vez tuvo el mundo se malogró porque la pasión por la igualdad hizo vana la esperanza de libertad.

    Querer la igualdad por su propio bien no es razón para querer una igualdad más que otra. Un hombre una paga y un hombre un voto no son reglas que proporcionen su propia justificación. Anthony de Jasay manifiesta que no todo el mundo tiene que apreciar la igualdad; si el Estado democrático necesita el consentimiento y obtiene alguno produciendo cierta igualdad, es función de la ideología liberal inculcar la creencia de que esto es una cosa buena. La igualdad es para un sistema de normas como la simetría para un diseño. La  esencia de la igualdad es la simetría. Es el supuesto básico, es lo que la gente visual o conceptualmente espera encontrar. Para la simetría como para la desigualdad, naturalmente buscan una razón suficiente y les perturba que no haya ninguna. Una de las preocupaciones centrales del igualitarismo, las relaciones de simetría u otras que predominan entre trabajadores, trabajo, paga y necesidad. Una posible relación es igual paga igual trabajo, una igualdad que puede extenderse a la proporcionalidad en cuanto a que más o mejor trabajo debería renumerarse con más paga. Si esta regla es buena, es razón suficiente para la desigualdad de las renumeraciones.

    Otra regla posible, que plantea de Jasay, es conservar la simetría no entre trabajo y paga sino entre el trabajo y la satisfacción de las necesidades de los trabajadores: mientras más hijos tenga un trabajador (que no se entere la miembra) o más lejos viva de su lugar de trabajo, más debería pagársele por un trabajo igual. Esta regla produciría una paga desigual por un trabajo igual. Igual paga por igual responsabilidad desplazará pues por regla general la igualdad entre dos cualesquiera de las restantes dimensiones características de la relación entre el trabajador, el trabajo, la paga y la necesidad. El mismo Engels nos dice: la idea de la sociedad socialista como el reino de la igualdad debería superarse ya, pues sólo produce confusión en la cabeza de la gente. Y no digamos nada cuando se crea un Ministerio de la Igualdad (porque no el Ministerio de la Verdad, el  de la  Anticorrupción etc.), y que hace la igualdad con los más débiles (los embriones o los que tienen defecto físico, etc.)¿Lo matamos?

    La igualdad de los preceptos legales generales y de las normas de conducta social es la única  clase de igualdad que conduce a la libertad y que cabe implantar sin destruir la propia libertad. La libertad, como expone Hayek, no solamente nada tiene que ver con cualquier clase de igualdad, sino que incluso produce desigualdades en muchos aspectos. Si el resultado de la libertad individual no demostrase que ciertas formas de vivir tienen más éxito que otras, muchas de las razones a favor de tal libertad se desvanecerían. Las razones a favor de la libertad no exigen que el gobernante trate a todos igualmente, porque se presuma que los hombres son de hecho iguales, ni tampoco porque se pretenda hacerlos iguales.

    No es cierto que todos los hombres han nacido iguales (lo dice una persona que es el pequeño de ocho hermanos, 25 sobrinos, 20 sobrinos nietos y catorce sobrinos-biznietos). De la circunstancia de ser en realidad los hombres muy diferentes se deduce, según manifiesta Hayek, ciertamente, que si los tratamos igualmente, el resultado será la desigualdad en sus posiciones efectivas, y que la única manera de situarlos en una posición igual es tratarlos de distinta forma. Si bien el Estado ha de tratar a todos igualmente, no debe emplearse la coacción en una sociedad libre con vistas a igualar más la condición de los gobernados. El Estado debe utilizar la coacción para otros fines. La pretensión de igualdad es el credo profesado por la mayoría de aquellos que desean imponer sobre la sociedad un preconcebido patrón de distribución. Lo malo son los patrones de distribución deliberadamente escogido, sea en un orden de igualdad o de desigualdad. La igualdad ante la ley conduce a la exigencia de que todos los hombres tengan también la misma participación en la confección de las leyes.

    No pueden los políticos auto llamados “progresistas” sacrificar la libertad en el altar de la desigualdad. No debe existir la igualdad mediante la ley. Miembra de sugiero que debe promover, ahora que estamos a Bolonia, un titulo de grado para gestores de la Igualdad

 

 

                                                                Agustin Villanueva

                                                                Profesor de Deontología Periodística y Comunicación

                                                                         2010 / 03 / 14

   

"RELATIVISMO Y ADOCTRINAMIENTO"

                           RELATIVISMO Y ADOCTRINAMIENTO

 

    No hay función sin tarasca, ni día sin explicaciones sobre laicismo y su importancia en la “vida sana de los ciudadanos”. Incluso se llega a informar: “que la lucha a favor del laicismo tiende a concentrarse en el terreno de la escuela, porque se piensa que esa institución es el lugar en el que deben “prevalecer los valores universales sobre los particulares”; “que el laicismo no está para nada asociado con el materialismo”, y “que el laicismo no es una concepción relativista”, y además se añade, “ muchos partidarios del laicismo somos materialistas, en el sentido de que no creemos que este mundo haya sido creado por algún ser sobrenatural, que haya vida después de la muerte y cosas por el estilo”. Bien. O sea, como manifestaba Jean-Pierre Chevénement, no basta con cambiar las cabezas, hay que cambiar también lo que hay dentro de las cabezas.

 

    El desarrollo alarmante del laicismo en nuestra sociedad no se trata del reconocimiento de la justa autonomía del orden temporal en sus instituciones y procesos, algo que es compatible con la fe cristiana y asta directamente favorecido y exigido por ella, sino más bien se trata, de la voluntad de prescindir de Dios en la visión y la valoración del mundo, en la imagen que el hombre tiene de sí mismo, del origen y término de su existencia, de las normas y los objetivos de sus actividades personales y sociales. Vivimos en un mundo en donde se va implantando la comprensión atea de la propia existencia: “si Dios existe, no soy libre; si yo soy libre no puedo reconocer la existencia de Dios”. O sea, deseo ilusorio y blasfemo de ser dueños absolutos de todo, de dirigir nuestra vida y la vida de la sociedad a nuestro gusto, sin contar con Dios, como si fuéramos verdaderos creadores del mundo y de nosotros mismos. De ahí, la exaltación de la propia libertad como norma suprema del bien y del mal y el olvido de Dios, con el consiguiente menosprecio de la religión y la consideración idolátrica de los bienes del mundo y de la vida terrena como si fueran el bien supremo. Aquí de lo que se trata, y lo dice un liberal de pensamiento, es hacer de la libertad individual un valor absoluto, al que los demás tendrían que someterse.

    El laicismo está poniendo en peligro el derecho a la libertad religiosa; el laicismo ya no es aquel elemento de neutralidad que abre espacios de libertad a todos, comienza a transformarse en una ideología que se impone a través de la política y no concede espacio público a la visión católica y cristiana, que corre el riesgo de convertirse en algo puramente privado y, en el fondo, mutilado. La laicidad justa es la libertad de religión, como señala Benedicto XVI; el estado no impone una religión, sino que deja espacio libre a las religiones con una responsabilidad hacia la sociedad civil, y por tanto, permite a estas religiones que sean factores en la construcción de la vida social.

    Laicidad del estado y de las instituciones políticas significa neutralidad ante las diferentes preferencias religiosas de los ciudadanos. Pero no hay tal neutralidad, como indica Pablo Cabellos en un artículo de Las Provincias, quizá porque los extremos se tocan y, en el fondo, somos un país clerical, un país que va siempre detrás de los curas. Como un cirio o con un palo. Y ni  uno ni lo otro responden a una laicidad sana, esa que determina la legítima autonomía de las realidades temporales, la verdadera libertad religiosa y el respeto a la Iglesia católica, a otro tipo de creencias, y a las personas. Pero la impresión en nuestro país es que la laicidad es más bien la del palo detrás del católico; por tanto, se cae en un laicismo que es la perversión agresiva de la laicidad. La obsesión del laicismo por extremar drásticamente la separación entre el Estado y lo religioso sería una idea cristiana que se ha vuelto loca. El laicismo es una actitud por la que el Estado no reconoce la vida religiosa de los ciudadanos como un bien positivo que forma parte del bien común de los ciudadanos, que debe ser protegido por los poderes públicos, sino que la considera más bien como una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por tanto ser ignorada, marginada y más aún políticamente reprimida. Si los dos conceptos laicidad y laicismo, se aclarasen podríamos estar de acuerdo en que la laicidad, rectamente entendida y ejercida, es garantía de libertad, igualdad y convivencia.

    Los peligros derivados de la confusión entre el ámbito religioso y el ámbito político, porque son particularmente delicadas las situaciones en las que una norma específicamente religiosa se convierte o tiende a convertirse en ley del estado, sin que tenga en debida cuenta la distinción entre las competencias de la religión y las de la sociedad política. Identificar la ley religiosa con la civil puede sofocar la libertad religiosa e incluso limitar o negar otros derechos humanos inalienables. El Estado no puede suplantar a la sociedad como educador de la conciencia moral. En el caso de la EpC como dice  el profesor Otaduy es una hermosa criatura, pero, en España, ha venido al mundo con pecado original. La actual educación  no puede ocultar que es hija de un poder adornado con ribetes de laicismo, que tiende a una interpretación exclusivista y autoritaria del “mínimo común ético constitucionalmente consagrado”, en lugar de reconocer los derechos de libertad religiosa de las personas y favorecer su libre ejercicio”.

 

                                             Agustín Villanueva

                                             Prof. Honorífico de Economía Aplicada de la UMH

                                                      2010 / 02 / 20

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UN NUEVO LIBERALISMO

                                         UN NUEVO LIBERALISMO

 

    La Vicepresidenta del Reino de España, esta sentando cátedra en Latinoamérica, a través de importantes parlamentos en distintos países. Después de las “ordenes” a la justicia, ahora nos deleita sobre un nuevo concepto del liberalismo. En la “maravillosa” capital Brasilia, construida después de arrasar todo lo que se encontraba de por medio, nos dice que la culpa del cambio climático la tiene la concepción “depredadora” del neoliberalismo económico imperante durante las últimas décadas, “una base construida sobre el individualismo extremo (debe ser mucho mejor el colectivismo extremo), el egoísmo y la irresponsabilidad elevadas a la categoría de virtudes sociales económicas; el liberalismo para la Vice tiene “una mirada insaciable a la que el planeta le parece insignificante”.

    Liberalismo, cara ministra del Reino de España (como dice el anuncio: mi casa es la republica independiente) quiere decir capitalismo y mercado y nada más. Liberalismo quiere decir libertad económica y política, propiedad privada e imperio de la ley. Como manifiesta Hayek, hay una trinidad inseparable de la civilización: la legalidad, la libertad y la propiedad; y esos son los pilares que sostienen la filosofía liberal. El presidente del Reino de España, ZP, al principio de su mandato también hablaba de liberalismo. Por eso Vargas Llosa decía que hoy todos somos liberales, pues. Lo que equivale a: nadie es liberal. A lo mejor la Vice nos quiere hablar de un liberalismo aristocrático, de un liberalismo extremo, de un liberalismo de caviar o de un liberalismo malgré lui. La liberad es toda ausencia de coacción (hasta con los 400 euros, utilizan la coacción) arbitraria o de obstáculos para la acción que permite gozar pacíficamente de la independencia privada; ningún poder humano dictará la conducta de un hombre libre No me hable de “ayudas”, hábleme de crear trabajo; eso es lo social. Para amar la libertad y la tolerancia no es preciso destruir la verdad.

    Un autor liberal diría  que el liberalismo se halla tan lejos del intervencionismo de marchamo progresista como del conservadurismo. El primero reprocha al liberalismo clásico ser una filosofía política conservadora en cuanto se opone a una filosofía de la historia que considera al Estado como el realizador de la idea de progreso. El segundo reprocha al liberalismo, especialmente a sus posiciones individualistas y antiestatalistas, el haber fomentado el proceso de decadencia y disolución de la comunidad política llamada Estado. El fin del orden político es la libertad: para el verdadero liberal, la libertad es siempre un fin, nunca  un medio. La política es filosofía en acción. La conducta ética exige coherencia con los propios principios. No se puede tener un gobierno, como bien decía en un brillante artículo el profesor Asencio, en que pretende prohibirlo todo. Eso si, hasta quiere prohibir la creación de empleo. El mejor criterio para juzgar si un país es realmente libre es el grado de seguridad de que gozan las minorías.

    El profesor Ralf Dahrendorf manifestaba que la democracia es una forma de vida, y que hay dos condiciones fundamentales de la misma y que forman parte del núcleo más propio del orden liberal: la sociedad civil (¿Dónde está, donde se encuentra?) y el imperio de la ley. La sociedad civil es la sociedad de las asociaciones, de las agrupaciones libres de personas. Los vínculos creados por las asociaciones constituyen el mundo de la vida; su existencia hace que el estado, la política, no sea lo único realmente importantes; si la democracia carece de la sociedad civil, o no tiene raigambre o se le exige demasiadas cosas.

    El imperio de la ley, es otro de los presupuestos del orden liberal, y su complejidad no es menor que la de la sociedad civil. Donde falla la democracia, la rule of law representa una retaguardia absolutamente indispensable. El Estado nacional y la democracia parlamentaria de corte clásico sigue siendo la columna vertebral del orden de la libertad. Si no hay confianza, el mejor sistema jurídico no sirve de nada; pero el mundo anómico no fomenta precisamente la confianza. Como en un reciente artículo manifestaba el profesor Neira, España no ha tenido nunca una democracia real, sino un régimen parlamentario, que es muy distinto. Polibio advertía: el nombre más bello de todos es la  libertad y democracia, pero la denominación de la realidad será lo peor, la demagogia.

    En la Tentación Liberal, el articulista del ABC Miguel Porta Perales manifestaba que volver al mundo real significa afirmar la libertad, los derechos fundamentales, la dignidad del ser humano, la democracia, la igualdad de oportunidades. Pero también significa aceptar y afirmar la autoridad, la seguridad, la ley y el orden, el individualismo, la economía de mercado, la propiedad privada, la gestión de los intereses, el egoísmo, el afán de lucro, un cierto grado de desigualdad. Es nada bueno creerse que uno es el centro del mundo y que todo sucede por indicación suya.

 

                                                     Agustin Villanueva

                                                     Profesor Honorífico de Economía Aplicada UMH

                                                               2010 / 02 / 09